Necesitamos glucosa y no azúcar para el celebro

¿Cuántas veces hemos oído eso de que el cerebro necesita azúcar para funcionar?

Podemos afirmar que esta frase no es verdadera e induce a error cuando la escuchamos.

El azúcar como lo conocemos, esa sustancia blanca que vive en nuestros azucareros y hoy en día en casi todos los productos comestibles procesados que encontramos en el supermercado, se llama en realidad sacarosa (aunque tiene multitud de diferentes seudónimos que la industria alimentaria usa constantemente).

Diferentes nobres del azúcar

No sólo no es necesaria para el normal funcionamiento de nuestro organismo, sino que puede ser francamente contraproducente, ya que hoy en día su presencia en nuestra dieta (y especialmente en la de los niños) es más que excesiva.

Lo que nuestro organismo necesita es la glucosa, la forma final de la digestión de todos los hidratos de carbono que ingerimos y fundamental para el organismo, ya que es el combustible imprescindible para que las células puedan realizar correctamente las funciones metabólicas.

Los Hidratos de Carbono comprenden una amplia gama de azúcares, almidones y fibra, y se encuentran en legumbres, vegetales, frutas, cereales integrales y tubérculos.

En la composición de estos Carbohidratos complejos se encuentra una gran cantidad de moléculas simples de azúcar unidas por enlaces  químicos. El organismo rompe estas cadenas de forma gradual. Cuanto más complejas sean estas cadenas, más tardan en digerirse y en ser absorbidas por el organismo, por lo que producen una elevación más lenta y moderada de la glucosa en sangre. Esto aumenta la sensación de saciedad en nuestro organismo, y evita desequilibrios bruscos en los niveles de glucosa en la sangre, mejorando su disponibilidad para los órganos que la requieran.

Los hidratos de carbono complejos, contienen fibra, vitaminas y minerales, que cuentan con un valor nutricional más alto que los carbohidratos simples, (tales como arroz blanco, harinas refinadas, azúcares refinados…) cuyo perfil nutricional es casi inexistente y su valor puramente energético.

Como hoy en día la mayoría de los productos procesados contienen grandes cantidades de azúcares simples añadidos, nuestra ingesta energética por medio de este producto es enorme, mucho mayor en niños, que son los que típicamente consumen más productos azucarados. Todo este exceso de calorías, que es imposible quemar con nuestra actividad diaria normal, se acumulará en forma de depósitos de grasa en nuestro cuerpo,  lo que está derivando en una verdadera epidemia de obesidad a nivel mundial.

La cantidad máxima de azúcares libres que la OMS recomienda no superar diariamente es de 25gr (unos 6 terrones).

Aunque esta cantidad parece a priori muy grande (casi nadie se toma conscientemente 6 terrones de azúcar al día), el hecho de que casi todos los productos que consumimos hoy en día la contengan, incluidos los productos procesados “salados”,  hace que sobrepasemos estos límites recomendados diarios muy ampliamente.

La OMS no pone límites a los azúcares que se encuentran en las frutas enteras y las verduras frescas o los de la leche, porque no existen pruebas de efectos adversos debidos a consumir estas sustancias. (Gracias a que se consumen con toda su fibra y, en el caso de la leche, con su grasa).

Sin embargo, los zumos de fruta a los que se les ha extraído el jugo y se ha eliminado la pulpa y la fibra, si se consideran como azúcares libres y se catalogan como refrescos, ya que aportan en muchos casos tantas calorías vacías como un refresco industrial.

Artículos  y videos de referencia:

http://elpais.com/elpais/2015/03/04/ciencia/1425492900_302754.html

http://www.abc.es/familia/abci-cerebro-pide-azucar-5447718527001-20170525121847_video.html

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