El aprendizaje de alimentarse de forma sana: nº1

Alimentarse de forma sana y equilibrada es un aprendizaje ¿por qué?

Alimentarse de forma sana y equilibrada es un aprendizaje. Cuando nacemos vamos aprendiendo poco a poco a comer, pero no siempre aprendemos a alimentarnos de forma saludable.

En nuestra sociedad y más en las grandes ciudades, el instinto y el entorno en que vivimos no ayudan en la correcta elección de los alimentos.

De hecho hay varios factores que pueden repercutir en nuestras preferencias alimentarias y nuestra capacidad de elección:

  • Nuestra memoria genética.
  • Nuestros propios mecanismos fisiológicos.
  • El sentido del gusto mal educado y mal encauzado.

Estas “trampas” en el funcionamiento de nuestro organismo nos pueden llevar a preferir alimentos que no son saludables.

La memoria genética de nuestros ancestros todavía influye sobre nuestras elecciones a pesar del enorme cambio de estilo de vida.

La actividad física de los primeros hombres era contínua debido a su vivir al aire libre (búsqueda de víveres y agua, caza, termorregulación, etc.), y además evolucionaron en un entorno donde la escasez (de alimentos y víveres) era la norma.

Por este motivo el instinto les llevaba a buscar alimentos que les proporcionaban grandes cantidades de energía, que servía para sustentarles hasta poder volver a encontrar comida. Así que comían mayoritariamente lo que les pudiese aportar calorías rápidamente disponibles: alimentos de sabor dulce y ricos en carbohidratos (frutas, raíces, cereales integrales) y grasas (frutos secos, semillas) estas últimas, mucho más escasas en la naturaleza.

Si comían carne, era carne sin grasa porque también los animales vivían en las mismas condiciones.

Esta herencia ancestral hace que nazcamos con una preferencia innata por lo dulce y las grasas.

Preferencias que, al día de hoy, se han convertido en un peligro: una verdadera bomba de relojería en una sociedad como la nuestra, con una tendencia tan elevada al sedentarismo y en la que gran parte de la industria alimentaria propone una enorme cantidad de comida muy procesada y rica en azúcares añadidos y grasas nada saludables. (página de la OMS sobre exceso de peso, obesidad y enfermedades cardiovasculares).

 

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Al mismo tiempo nuestra fisiología hace que las grasas y azucares ingeridos procuren una gratificación a nivel cerebral que nos impulsa a aumentar cada vez más la ingesta de estos alimentos produciendo verdadera dependencia.

Para mantener ese grado de gratificación hay que ir aumentando más y más la dosis en cantidad y frecuencia.

Comparación alimentación antepasados y sociedad moderna

Se añade a la memoria genética y al mecanismo de ingesta-gratificación el sentido del gusto, que se moldea según lo que comemos e influye sobre nuestras elecciones alimentarias.

Si desde niños aprendemos a comer alimentos procesados o muy procesados y ricos en azúcares añadidos y grasas de mala calidad, será difícil preferir los sabores naturales: se preferirán por ejemplo yogures azucarados en vez de yogures naturales, yogures con sabor a fruta y no yogures naturales con trozos de fruta fresca, refrescos industriales y no refrescos caseros (infusiones de fruta fresca), etc..

Todos estos factores  influyen sobre la calidad de nuestra alimentación y la salud.

La buena noticia es que la búsqueda instintiva de dulce y grasas y la gratificación a nivel cerebral que se produce con su ingesta, están latentes dentro de cada uno de nosotros y se “activarán”, o no, con la información y formación alimentaria que vamos recibiendo, antes y después de nacer, de nuestras familias.

El sentido del gusto también se educa: si desde el útero materno, la lactancia materna y después, de pequeños, en la alimentación familiar, no nos acostumbran a comer alimentos dulces, grasos y altamente procesados, no seremos tan propensos a ingerirlos en la edad adulta: nuestro “instinto” no nos guiará hacia ellos.

¡Esto es especialmente valido para el azúcar!

Hábitos saludables y no saludables

EDUCAFOOD inspira y apoya las familias en este proceso

¿Qué pasa con los adultos que no han tenido esta oportunidad en su infancia?

Se pueden adquirir nuevos hábitos saludables y cambiar o corregir la forma de alimentarse a cualquier edad.

El cambio siempre es posible aunque, a veces, podrá resultar un verdadero reto pero ayuda saber que ¡hay todo que ganar, la salud es lo primero!

En otra entrada hablaremos de como efectuar el cambio.

 

Son la educación y los hábitos
los que nos llevan a la elección de nuestros alimentos

¡IMPORTANTE!

Nuestro organismo necesita glucosa y grasas saludables para funcionar.

Para saber más sobre la glucosa.

Para saber más sobre las grasas saludables.

Si tu niño ya está acostumbrado a comer alimentos muy procesados o ricos en azúcares añadidos y grasas de mala calidad no desesperes, te ayudamos a entender como sustituirlos por otras alternativas saludables.

 

Si quieres profundizar aún más sobre el tema de la memoria genética puedes leer estos artículos:

http://elpais.com/elpais/2016/11/03/ciencia/1478190576_159601.html

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