El aprendizaje de alimentarse de forma sana: nº2

Alumnos de un colegio de Madrid asistiendo a un taller de Educafood

En la entrada anterior https://educafood.com/el-aprendizaje-de-alimentarse-de-forma-sana/ vimos que en nuestra sociedad, el instinto no ayuda en la elección de los alimentos, que aprender a comer es un largo proceso y que no siempre aprendemos a alimentarnos de una forma saludable.

Por qué enseñar educación alimentaria desde la infancia

Las personas que durante la infancia no tienen una educación alimentaria adecuada que les ayude a emprender el camino hacia una alimentación variada, equilibrada y sana, corren el riesgo de ser mucho más selectivos a la hora de comer, no llegando a disfrutar de la enorme variedad de alimentos que existen en su entorno.

La selectividad y una dieta errónea, en la edad infantil, repercuten, no sólo en la salud y desarrollo global de los niños, sino también en su rendimiento escolar.

Aunque se pueden adquirir nuevos hábitos alimentarios y cambiar la dieta  (dieta: f. el conjunto de sustancias que habitualmente se utilizan como alimento (1)) a cualquier edad, cuanto más temprana sea la educación alimentaria, más posibilidad tendrá uno de adquirir hábitos adecuados y mantenerlos a lo largo de toda la vida.

¿Por qué esperar a que los niños crezcan para que aprendan, asimilen e incorporen en su día a día hábitos saludables?

Esperar a la adolescencia o la edad adulta significaría, en muchos casos, tener que enfrentarse a un reto mucho mayor para erradicar la resistencia a comer ciertos alimentos, los prejuicios y malos hábitos ya demasiado arraigados para que se puedan corregir sin malestar. Significaría también que la salud y el bienestar ya están comprometidos.

Una serie de “conocimientos” sobre  alimentación se pueden ir integrando a su equipaje educativo-emocional desde los primeros años.

Para los niños, que tienen una capacidad limitada para comprender las consecuencias a largo plazo de su conducta, adquirir hábitos adecuados tiene que ser una “tarea” natural y cotidiana para que se puedan convertir en comportamientos automáticos en su futura dieta diaria. Tienen que aprender, desde el primer momento, a disfrutar de la mayor variedad de sabores y texturas posibles para tener menor tendencia a ser selectivos y neofóbicos a la hora de comer, pudiendo introducir así en su dieta todos los nutrientes necesarios y tener desde el principio una alimentación más sana.

La buena noticia es que esta rutina diaria se puede adquirir paulatinamente, en casa, con el apoyo de la propia familia y en los colegios con una educación alimentaria bien estructurada e integrada en el currículo escolar.

Hay que recordar que, aunque la familia sea el principal modelo de referencia para los niños, en cuanto a alimentación y actividad física, una estrecha colaboración con los centros educativos es la clave para la adquisición de hábitos saludables, estables y duraderos a favor de la prevención y promoción de la salud.

Esta sinergia es particularmente valiosa en las primeras etapas escolares, porque es en los primeros años de la vida cuando se adquieren las actitudes que permanecerán más arraigadas y porque es a partir de la escuela infantil cuando las influencias extra familiares adquieren progresivamente mayor importancia.

Educación alimentaria desde la infancia

EDUCAFOOD inspira y apoya las familias y los colegios en este proceso

Son la educación y los hábitos
los que nos llevan a la elección de nuestros alimentos

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